Archivo mensual: junio 2015

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“¿Tú has visto alguna vez una montaña de heroína blanca, y andar haciendo bolsitas con ella?” me preguntó. Por supuesto, le dije que no. Yo no había nacido cuando ocurrió aquello, cuando los amigos del hombre con el que estaba hablando se corrían mil veces antes de caer víctimas de la sobredosis, el mono o las deudas. “La heroína es lo mejor que he probado, y no hay droga que no haya conocido. Te lo da todo: todo lo que puedas desear en ese momento, todo lo que deseaste y todo lo que en algún momento podrías llegar a desear. Pero claro, eran tiempos de esnifar, vomitar, y luego follar.” y nos reíamos, pero yo no estaba conversando con un hombre. Conversaba con las ruinas de algo que fue, con un alma cansada que arrastraba un cuerpo sacrificado por edenes instantáneos e infiernos implacables. Y sentí verdadera pena, porque el azúcar que nos llamaba desde las sombras podía dejarnos solos en un abrir y cerrar de ojos; ya me lo había contado mi nuevo amigo, que pensaba terminar la noche en un poblado de chabolas para pillar el pico de la noche, porque ya le estaba dando el tembleque.

Mientras apurábamos el cigarrillo, conseguí convencerle de que volviéramos al bar a tomar la penúltima. Con un poco de suerte, para cuando saliese el sol él ya se habría gastado todo el dinero en alcohol.

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