Archivo mensual: marzo 2016

Guía para el cuidador de demonios principiante

Cuidar demonios siempre resulta agotador, sobre todo porque  tener demonios no es como tener un gato, un perro, como tener peces, o ni siquiera como tener hijos, ya que nunca es algo planeado. Los demonios pueden aparecer en cualquier momento, sea bueno o malo: les da igual que sea primavera o que sea domingo, y cuando llegan, es para quedarse. Y no se van. Nunca. Lo máximo a lo que puede aspirar uno es a que se queden como están: calladitos, pequeñitos, tranquilitos. Que no monten mucho alboroto, que le dejen dormir a uno, que no ensucien. Eso es lo mejor que le puede pasar a alguien que cuida demonios.

 

Hemos dicho antes que los demonios llegan, pero el primer paso no es que lleguen.

No, el primer paso para cuidar demonios es darse cuenta de que están ahí. Y digo darse cuenta porque es eso lo que ocurre: Los demonios han podido llegar ayer, o hace diez años, pero en un momento determinado, uno se da cuenta de que hay algo más  allí donde está, y claro, tiene que hacerse cargo de aquello, y de repente brota un mar de dudas de la mismísima nada: ¿Qué comen? ¿Dónde duermen? ¿Hacen caca? ¿Tengo que llevarlos conmigo siempre? y otros cientos de preguntas  propias del cuidador principiante aparecen ante nosotros, pero con la experiencia, comprobaremos que cuidar a nuestros demonios es más sencillo de lo que parece en un primer momento. (Advertencia: Cuidar demonios NO es fácil. Al principio le parecerá que la simple tarea tranquilizarlos es imposible, y cualquier interacción con ellos será insoportable, pero no desespere: los demonios sólo son vestigios de algo mucho peor).

 

Los demonios, como cualquier depredador doméstico,  requieren una alimentación variada: Se alimentan de sueño, de preocupaciones y de debilidades, generalmente de procedencia humana, siendo especialmente voraces con las almas incautas, las aprensivas e incluso con las despistadas. Aquí habremos de diferenciar entre demonios de campo y demonios de ciudad, pues los de ciudad tienden a vivir en grupo, mientras que los demonios de campo llevan una vida más solitaria, por lo que el cuidado de demonios de ciudad requerirá un mayor esfuerzo.

 

En cuanto a las comodidades, no se preocupe: Los demonios suelen amoldarse bien al entorno en el que viven sus propietarios, quizá incluso con demasiada facilidad, llegando a ser un poco intrusivos y territoriales en determinadas ocasiones. Sus demonios, generalmente dormirán con usted, pero si esto le incomoda, no dude en imponerse: Cierta disciplina es necesaria, o sus demonios podrían acabar imponiéndose a su voluntad y campando a sus anchas por su vida, ya que además se trata de seres activos e inquietos, tanto de día como de noche, siendo en ocasiones revoltosos y caóticos, sin importarles el estado de salud de su cuidador. Este es el principal problema que plantean: Los demonios pueden despertarse en cualquier momento y poner su vida patas arriba.

 

Pese a dicha inquietud, los demonios no  requieren excesivos cuidados: Usted puede pasearlos con la frecuencia que considere oportuna, tanto de día como de noche o no sacarlos en absoluto. Eso sí, algo que requiere especial atención es en qué momento libera a sus demonios: No es recomendable que éstos correteen libremente en presencia de otras personas, ya sean amigos o familiares, pues de no ser personas de mucha confianza podrían asustarse al ver que usted es propietario de uno o más demonios. Huelga decir además que estas reacciones nunca son positivas para los propios demonios, los cuales podrían volverse más problemáticos en el futuro. Asimismo, lo más seguro es que usted procure evitar demonios ajenos en la medida de lo posible, sobre todo a la hora de encargarse de demonios que no sean suyos ya que puede ser altamente peligroso, tanto para el propietario original como para usted. Dedíquese a sus propios demonios: verá que éstos son más que suficientes.

Como bien hemos dicho antes, los demonios no se irán de su vida, ya que no mueren. Por el contrario, sus demonios permanecerán a su lado a lo largo de su vida, por lo que el objetivo de aprender a criar y cuidar demonios es que permanezcan tal y como son, o incluso reducirlos, en caso de que sean demasiado grandes para manejarlos bien. No queremos unos demonios que crezcan y crezcan hasta que sean capaces de devorarnos, así que si en algún momento observa que un demonio se le está yendo de las manos, repetimos: Impóngase. Al fin y al cabo, los demonios no serían nada sin nosotros.


Barricada

Como Londres o Roma ardo hasta los cimientos,

Y no puedo culpar a los cristianos para salvar mi cuello.

Mil historias están naciéndome dentro,

y tengo que apuñalarme para darles techo.

 

No puedo. No puedo.

Siempre que escribo,

emana algún dolor nuevo.

Me bato en duelo contra mí mismo habiéndome quedado ciego.

 

En la misma sala donde bailan mis fantasmas

habitan amantes fugaces a los que no consigo poner cara,

y un torrente de deseo sangra, manándome del alma.

 

No existen. -me miento- No existes. -me dicen-.

Y el amor, que se propaga como la peste,

toma la forma de un rostro vacío que me persigue con tus ojos tristes.

 

P.S.

Me encerré para sacar al monstruo que llevo dentro

pero nunca se irá de mis tripas; mis fantasmas son su sustento.

 


Manual de Escritura – 1: Alter-ego

“Paula es lo que muchos considerarían  la hija perfecta. La niña de papá. Bueno, y de mamá.

Siempre ha sido perfecta en todo. Estudiante modélica, primera de su promoción, tiene nosecuántas medallas de natación, es voluntaria en una protectora de animales, dona sangre mazo de veces al año, nunca lleva una mota de polvo en la ropa… yo qué sé, es todo obstinación. ¡Estuvo ocho meses detrás mía persiguiéndome día y noche para que empezase a reciclar! ¡con veinticinco años! Y mira que yo me negué… pero es que Paula nunca discute, nunca impone su opinión. Simplemente me dijo: “Tío, eres un desastre, pero en casa vamos a reciclar”, pero no me lo dijo amenazándome, ni enfadada, ni nada. Ni siquiera trató de convencerme o de imponerme su opinión. Íbamos a reciclar y punto. Lo hizo todo ella: Compró un cubo de basura con compartimentos separados, puso letreros de dónde iba cada cosa y tal, y nada. Al final acabé acostumbrándome. Pero bueno, ¿por dónde iba? Ah, sí, Paula. Paula es un bicho raro. Es demasiado buena, no sé. No sé cómo no se la comen, de lo pava que es. Supongo que es tan buena que no despierta ninguna maldad. Siempre te pregunta cómo estás, y tiene tiempo para escuchar tus movidas, o para hacerte un favor, o lo que sea. (Silencio)

Tampoco sale mucho de fiesta. Y cuando sale, es de lo más formal. Intenta liarla para que beba o se drogue y te dirá que no lo necesita, que no puede perder el tiempo en resacas.

No sé, me estoy quejando por vicio, porque compartir piso con ella está bien… quizá demasiado bien. Bah. Estoy convencido de que un día se volverá loca con tanto orden y acabará matando a alguien, rollo Bowling for Columbine. O igual es simple envidia. Yo soy un desastre y ella lo tiene todo clarísimo siempre. Lo odio.”

 

                                                               Fargo Bel, sobre Paula Cole.

 

 

 

“¿Fargo? Fargo es un idiota. Un pusilánime. Un caos de persona. Fargo es el Rey Midas a la inversa. Rompe toooodo lo que toca. Si entras en su habitación, es probable que te den arcadas. Aunque por lo menos no extiende el caos al resto de la casa, porque o está fuera, o está en su cuarto. Esa es otra, se pasa el día metido en su habitación, y cuando sale, es para hacer el tonto. Se pasa el día rodeado de imbéciles que supuran mediocridad por todos y cada uno de sus agujeros, y eso no le hace ningún bien. Es como tener un hijo asperger que además no se deja ayudar. Creo que si aún vivimos juntos es porque nadie cocina como él. Bueno, y porque aunque el noventa por ciento de las veces se porte como un gilipollas, es un gilipollas que te dice las cosas tal y como son. Si salgo con un gilipollas, él es el primero en hacérmelo ver, aunque él sea igual. No sé, cuando empezamos a vivir juntos pensé que uno de los dos iba a irse a otra casa a los dos días, pero supongo que compartimos buenos momentos cuando está sobrio. Porque esa es otra, no se aguanta ni a sí mismo, pero también es cierto que he aprendido mucho a su lado: Fargo es ese punto de maldad al que todo el mundo debería estar acostumbrado.”

 

Paula Cole, sobre Fargo Bel.