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Barricada

Como Londres o Roma ardo hasta los cimientos,

Y no puedo culpar a los cristianos para salvar mi cuello.

Mil historias están naciéndome dentro,

y tengo que apuñalarme para darles techo.

 

No puedo. No puedo.

Siempre que escribo,

emana algún dolor nuevo.

Me bato en duelo contra mí mismo habiéndome quedado ciego.

 

En la misma sala donde bailan mis fantasmas

habitan amantes fugaces a los que no consigo poner cara,

y un torrente de deseo sangra, manándome del alma.

 

No existen. -me miento- No existes. -me dicen-.

Y el amor, que se propaga como la peste,

toma la forma de un rostro vacío que me persigue con tus ojos tristes.

 

P.S.

Me encerré para sacar al monstruo que llevo dentro

pero nunca se irá de mis tripas; mis fantasmas son su sustento.

 


Soy la peor persona que conozco 

Soy la peor persona que conozco. Y créeme cuando digo que conozco a muchas.

Eso sí, ninguna como yo.

Ninguna como a mí.

Conozco personas que, como diría mi madre, valen un imperio, mientras que otras son completamente despreciables. Personas buenas y personas malas, incluso más malas que yo; pero sin duda, yo soy peor.

No porque yo sea malo,

sino porque no soy suficiente.

No soy ni la décima parte

de todo lo que podría ser.


Llevo años intentando despertarme a tiempo,
invirtiendo las horas de sueño en posponer el día siguiente,
llevo tanto tiempo arrastrándome por el presente
que cuando quiero empezar a vivir, no me sale.

Llevo meses planeando perfectas rutinas
que no me duran más de dos semanas,
valiosos horarios de “persona de provecho”
que abandono a la mínima y que no me valen de nada.

Vivo en un universo vacío,
del que sólo me salva un orgasmo;
diez o doce segundos son dulces
antes de sumirme en cada letargo.

Paso las noches entre vasos medio vacíos,
vagando por bares medio llenos.

Llevo tanto tiempo perdido,
que todo lo vivido,
me resulta ajeno.


Cafuné

Nunca sentí que pertenecía

a nadie, ni a ningún lugar,

que vivíamos sin más,

que estábamos por estar.

 

Nunca creí en los hogares,

era un pájaro sin nido,

un pequeño caos flotante,

un anciano adormecido,

que no espera nada,

de los demás, o del mundo,

nada nuevo nunca,

salvo el desastre de turno,

 

y te encontré, por casualidad,

como quien encuentra el mar,

o la canción de tu vida,

o un árbol donde anidar.

 

Jugamos a rompernos,

a hacernos cosquillas,

a mordernos, a acariciarnos

a hacernos daño, y a perdonarnos,

a escondernos, a protegernos,

 

y a vivir, y a volar.

 

Jugamos por jugar,

que contigo podría incendiar el fuego,

y tu pelo es el cielo,

y mis dedos mis alas,

y me enredo en tu cuello,

mientras cuidas de mis llagas.


Ruinas, I.

Soy el poderoso emperador

de unas bellísimas ruinas.

¿Qué me queda,

sino esperar en mi trono,

junto a los fieles que aún me apoyan?

Mis enemigos se relamen mientras me desplomo.

 

Soy un rey sin una reina,

ni un pueblo al que guiar.

Mi corazón está en ruinas

y no sé cuál es mi hogar.


Llévame al infierno.

Llévame al infierno,

y nunca te olvidaré.

Maldeciré cada momento,

cada puto atardecer

que pase sin ti,

sin poder mirarte a la cara

sin hacerte gritar,

o reír,

o llorar,

o gemir y morder la almohada.

 

Llévame al cielo,

y déjame caer.

Hazme enloquecer,

y dame la razón como a un loco.

 

Haz que me sepa a poco

y me tendrás a tus pies.


Eres mi ruina.

Eres luna llena,

que me convierte en bestia,

en espíritu salvaje que rompe sus cadenas.

 

Eres una luz blanca que todo lo ilumina,

aunque me ciegas.

Eres mi ruina.

 

Eres la sombra en la que yazco,

y tu cuerpo es mi refugio.

Eres lo puro, y lo sucio,

la mierda de la que renazco

cada noche.

 

Eres la fuente a la que acudo,

para calmar mi sed,

pero tu esencia no me sacia

y te necesito otra vez.

 

Eres un  agujero negro,

dentro del que exploto,

eres una deidad de plástico

de la que soy devoto.

 

Eres fuego, juego,

placer y dolor,

no eres algo nuevo, pero vaya,

no hay color.


Intenciones

Me gusta el amor

cuando inspira el odio ajeno

y viceversa.

 

Ver una pareja

me llena de rabia;

no sé si es envidia,

o tal vez  pena.

 

Los amantes son tan frágiles…

se encadenan a un sentimiento,

creen que al abrigo del amor

las cosas serán más fáciles.

 

Pero no es así, amar asusta,

somos sólo animales,

y aun así, me gusta.

 

Contemplar el odio ardiente,

pura misantropía

me llena de ternura,

porque sé lo que se siente.

 

Amar y odiar

son conceptos extraños

y para extraño estoy yo,

bailando entre ambos.

 

No te confundas:

amo esta vida que tengo,

pero a veces es tan perra

que sólo inspira desprecio.

 

Aun así, me divierto:

Devoro cada momento,

cada calada de aire,

cada pedazo de vida

que me da más y más hambre.

 

Quiero vivir mil vidas

unidas en una sola.

Probar esto, y aquello,

y el amor, y otras drogas.

 

No me importa que me llamen vividor,

soy muy joven todavía.

Si vivo, es para vivir,

para aprender algo nuevo cada día.

 

Por supuesto que no seré un vividor,

no durante toda la vida.

 

Cuando sea viejo, seré también sabio:

pues sabré lo que es la vida.


Amor

Ella dijo: “¿Me quieres?”

Y yo dije que sí.

“Lo siento” me dijo,

y me eché a reír.

 

Ella preguntó: “-¿Qué es el amor?

-El amor es algo así como un ataque al corazón

 

Un asalto, un atraco, una guerra y un ciclón.

 

“-¿De verdad?” dijo ella.

“-Que me ahorquen si miento.

-Qué divertido, ¿no?

-No te creas, pero lo intento.”


Nocturno.

Quiero navegar,

aunque sea con la mente

soy un demente

a punto de despegar.

 

La música me absorbe

y feliz, deliro,

soy el hechizo de un libro

y un místico orbe.

 

Mi cerebro muere,

el alma renace

en océanos infinitos caigo,

pero están vacíos,

y duele.

 

Mi barco, mi nada.

Mi aire, hadas.

Mi suplicio, tu aliento.

Me ahogo.

Lo siento.

 

La oscuridad me atrapa

como a otros tantos,

durante tanto tiempo.

¿Acaso soy el viento, aullante, y huyendo?

 

Naufragando me hallo,

entre sábanas ajenas.

Aullando a la luna.

Ahogando las penas.