Archivo mensual: febrero 2014

Domingos

Hoy era domingo, pero ha sido extraño. Normalmente los domingos me levanto destrozado, “esguarnío”, como diría mi padre, pero no. Ni siquiera tenía un poco de resaca. ¿Significa que estoy dejando a un lado el alcoholismo lúdico-festivo que caracteriza a mi generación? Sinceramente, no lo creo. Anoche bebí poco, bastante menos de lo habitual, pero la noche tampoco estuvo como para celebrar grandes cosas. De hecho, en general, un fin de semana que prometía ser épico, ha sido un cúmulo de altibajos, de momentos muy divertidos y momentos muy amargos. Este fin de semana tenía un altísimo potencial que no hemos sabido aprovechar, casi nada ha salido como esperábamos. De una gran fiesta a quedarme dormido en el sofá; de una gran noche con amigos y sábanas compartidas a encuentros fortuitos llenos de incomodidad, llegar a casa con ganas de asesinar a alguien, y finalmente dormir solo. Hoy me he levantado como cualquier domingo, y no he hecho gran cosa. Me he despertado a la hora de comer, me he puesto la misma ropa que me había quitado unas ocho horas antes, y me he ido al McDonalds. El resto del día ha transcurrido entre películas y series pendientes mientras esperaba una llamada de teléfono para arreglar el lío que tenía en la cabeza. Los domingos son para solucionar las cagadas de los sábados por la noche. Y para los amores no correspondidos. Y para sufrir. Y para despedirte durante cinco días de la gente que sólo puedes ver los fines de semana. Los domingos son para muchas cosas, pero creo que poca gente se ha dado cuenta de ello. Este domingo me he levantado como cualquier otro domingo, pero me voy a dormir con la sensación de que, aunque no todo salga a la perfección, se puede hacer mejor. Se puede poner más de nuestra parte. No sé ni lo que digo. ¿Será patológico ser optimista un domingo? Llamadme enfermo, pero yo creo que no.

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