Archivo mensual: abril 2014

Coma.

Llevo meses en un coma profundo. No es un coma cualquiera: Soy casi consciente de mis actos, de lo que me rodea y de lo que siento. Casi. A mi alrededor sucede una infinidad de cosas que puedo percibir, pero me son totalmente ajenas. Es como si viese la realidad desde una pantalla. Como si supiese que me hallo dentro de una caverna platónica y que la realidad está más allá, pero no sé salir. Estoy dentro de un laberinto de espejos que reflejan un rostro horrible, demacrado, anestesiado y perdido. No sé por qué me siento así, por lo que no sé cómo abrirme paso y salir de aquí. Mi pulso es tembloroso y sólo encuentro alivio en el dormir, en apagar mi cerebro con algo que calme mi actividad cerebral compulsiva. Mi cerebro pasa las veintiséis horas del día hiperactivado, inmerso en una skiamakhia contra los errores que he cometido a lo largo de mi vida. Sé que hay vuelta atrás, que todo tiene solución, pero soy incapaz de dar el primer paso. Ojalá existiese un botón para desconectar nuestros cerebros, al menos durante un rato. Vivo en una bóveda de cristal cerrada herméticamente, y la solución a mis problemas se encuentra perdida en las nubes. ¿O es más bien al revés? Vivo adormilado, flotando entre vapor de agua y otras sustancias, y dentro de la bóveda existe una masa amorfa y heterogénea que contiene los planes de mi vida, y no sé cómo llegar a ella. Entre las nubes tras las que me oculto, hay sombras que me persiguen sin descanso, y sólo puedo esconderme como un animal malherido, evitando el contacto con ellas cada día, hasta que llega la noche y me siento seguro, porque en la oscuridad las sombras no pueden verme. Los días pasan todos iguales, mientras me castigo por no ser capaz de alcanzar esa metamateria que me permita vivir en paz conmigo mismo y con el resto del mundo. Estoy perdido en un laberinto, y no me queda más remedio que seguir arrastrándome. No sé cómo he llegado hasta aquí, así que no sé salir; tan sólo espero que exista una salida.