Archivo mensual: noviembre 2015

Investigaciones sobre la especie humana: Prólogo

¿Qué puedo decir de la especie humana? ¿Qué los define? Es difícil empezar, ya que hay infinidad de individuos, y no todos son iguales, así que intentaré explicar a continuación, qué características generales tienen, y por qué.

La especie humana, en general, está consistida por animales extremadamente simples, que sin embargo, acaban desarrollando comportamientos impredecibles y a priori caóticos y absurdos. El animal humano posee una visión extraña de sí mismo y de lo que le rodea, y sus motivaciones, aunque generalmente materialistas y gregarias, esconden a menudo retorcidos deseos y creencias ocultas a simple vista.

Cuando llegué a la Tierra, su planeta, descubrí con sorpresa que la mayoría de la población habita separada del resto de especies vivas en gigantescas estructuras artificiales llamadas ciudades. En las ciudades, todo está diseñado para aislar a los individuos: La tierra se recubre de cemento y alquitrán, añadiendo algunas especies vegetales de valor ornamental, y desde el suelo se alzan innumerables construcciones que parecieran querer llegar al cielo.

Cada individuo o grupo de individuos suele poseer un habitáculo de tamaño variable, y suele desempeñar la mayoría de sus ocupaciones en espacios cerrados dentro de dichas estructuras. Los medios de desplazamiento son también de características similares: vehículos de diversos tamaños y formas, terrestres, acuáticos o aéreos, que suelen estar compartimentados y divididos en secciones enfocadas ya sea hacia la convivencia de la población o para la explotación de los recursos del planeta.

Ese es otro aspecto curioso de los seres humanos: Explotan sin ningún escrúpulo todo lo que esté a su alcance en su propio beneficio, pero de forma ordenada: En la Tierra, todo está organizado y dividido, y lo que aún permanece virgen, caótico, o natural, es rechazado hasta que, como dicen los humanos, se “civiliza”.

Al no entender muy bien esto de la civilización, investigué y pregunté a algunos humanos que se dedicaban al estudio de las cosas, y se me explicó que allí, todos los animales viven y actúan por algo llamado instinto de supervivencia, y que desde su origen, el ser humano había luchado contra el resto de especies animales y contra el propio planeta para sobrevivir. Después de mucho tiempo y habiendo salido victorioso, el ser humano controlaba la Tierra a voluntad.

“Entonces, ¿por qué fabricáis armas y tenéis ejércitos?” pregunté.

“Para defendernos de nuestros enemigos” me dijeron.

Y cuando entendí lo que me querían decir, me quedé de piedra. ¡Se mataban unos a otros! Esto me pareció aberrante. Podía entender que la especie humana hubiera tenido que luchar por sobrevivir. Al fin y al cabo, la Tierra es un planeta rico en especies animales y vegetales, y algunas de ellas son verdaderamente peligrosas. Además, el planeta experimenta grandes oscilaciones térmicas en cada ciclo estelar, o como ellos lo llaman, cada año. Pero cuando visité la Tierra, el ser humano estaba perfectamente dotado de la tecnología necesaria para asegurar su supervivencia por encima de otras especies animales o las inclemencias del tiempo. Así que, ¿qué temían? Volví a preguntar, y esta vez, unos expertos llamados historiadores, me contaron que desde las primeras civilizaciones, cada ser humano estaba condicionado por las circunstancias en las que nacía. Desde el adulto dentro del que cada individuo se gestaba hasta el lugar del planeta en el que crecía y vivía afectaban a su comportamiento, pero, por norma general, la conducta de los seres humanos siempre se ha regido por ese instinto de supervivencia que les lleva a abrazar lo conocido, como su familia o su raza, y a rechazar lo desconocido, incluyendo otros grupos de seres humanos, ya sea por sus comportamientos, creencias o su aspecto físico.

Tras entender el alcance de esto que llamaban instinto de supervivencia, comprendí el porqué de muchas cosas, ya que todas ellas eran símbolo de una necesidad de control, de contención, de unos límites que vistos desde fuera parecen casi perjudiciales, pero, ¿quién soy yo para juzgar? El instinto de supervivencia activa una vigilancia continua y un miedo a lo desconocido que para los seres humanos es casi insoportable, y sienten algo terrible que ellos llaman miedo, así que si alguna vez conocéis a un humano, comprobaréis efectivamente que se trata de criaturas obsesionadas con la clasificación y la organización de todo aquello que les rodea, ya que, si no, no descansarán tranquilos.

Por ejemplo, toda la superficie de la tierra está repartida en territorios que ellos llaman países, los países en provincias y las provincias en un sinfín de nomenclaturas que dependen de cada país. En cada país suele haber un líder o grupo de líderes que gobiernan en función de sus creencias de gobierno, llamadas ideologías. Dentro de cada una de estas divisiones del terreno, existen unos preceptos que ellos llaman leyes y normas. Las leyes son un código de comportamiento esperado por parte de los individuos que se hallan en un país, y las normas, son también códigos comportamentales, pero aplicados a entornos más pequeños como comunidades, lugares destinados a alguna actividad más o menos concreta, o incluso dentro de las ciudades.

Existen dos cosas que los humanos rechazan: Lo diferente y lo disfuncional.

“Lo diferente” como he dicho anteriormente, abarca desde individuos de otras especies hasta otros seres humanos. Y es curioso, porque lejos de buscar puntos en común entre ellos, los seres humanos suelen enfatizar las diferencias existentes y tienden a imponer sus ideas por encima de las del resto. Los seres humanos tienden a paliar el miedo que les produce esa necesidad de contención mediante ideas ciertamente extrañas, como por ejemplo, creencias de que diversos seres superiores con conciencia similar a la humana rigen sus vidas. Los llaman dioses. Cada civilización tiene uno o más dioses a los que rinden culto, y pese a no haber ninguna evidencia real sobre la existencia de los dioses, seguir un culto u otro, es motivo de conflicto en casi cualquier lugar del planeta. De hecho, incluso dentro de la misma civilización, muchos humanos rechazarán a aquel que no crea en la misma deidad que él, y sin embargo, los pocos que creen en nosotros, los que venimos de otros planetas, son tomados por locos. En definitiva, estas ideas creencias, junto a las ya mencionadas ideologías, tienen tal importancia para los humanos que un individuo nunca dudará a la hora de tratar de imponer su opinión al resto.

En cuanto a lo disfuncional, por otra parte, me refiero a aquellos individuos humanos que, por una u otra razón, no son capaces de vivir en la civilización. Algunos son disfuncionales por haber transgredido leyes importantes, y otros por sufrir enfermedades graves que afectan a su comportamiento. De cualquier manera, ambos tipos de sujetos suelen ser confinados a instituciones específicas durante períodos de tiempo que dependen de cómo de problemáticos sean para su país, o incluso, en casos muy extremos pueden ser sacrificados.

Sin embargo, pese a tratarse de una especie en normalmente belicosa, violenta e ingenua, la especie humana cuenta con un gran número de seres que se separa de la normatividad. Se trata de individuos excepcionales que han liberado de la esclavitud de sus instintos más primarios, y tratan de romper con todos estos comportamientos irracionales.

Existen individuos que cuidan y protegen a los débiles y a los desfavorecidos, sin importarles que sean diferentes a ellos. Existen también seres que investigan cómo postergar la muerte, o sin ir más lejos, cómo mejorar la vida de los demás, además de la suya propia. Existen individuos dedicados a preservar las zonas del planeta de las que aún no se han apropiado los más poderosos y también reparar el daño que las civilizaciones causan de forma inconsciente y temeraria en el planeta.

Otros, curiosamente, invierten sus vidas en estudiarse a sí mismos, a estudiar su planeta y el espacio, buscando evolucionar y desarrollarse más allá de lo conocido. Todos éstos hacen que la especie humana sea aún más interesante si cabe, ya que pese a que los humanos parezcan avocados al fracaso y la extinción, estos sujetos arrojan un poco de luz en el oscuro futuro de su especie. Aunque el ser humano destruya y corrompa todo lo que tiene a su alcance, gracias a estos individuos, aún hay esperanza. 

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