Archivo mensual: enero 2012

Azúcar y Sangre. Introducción.

<<Desde antes de nacer, ya empecé a esquivar a la muerte.

Cuando mi madre estaba embarazada de mí, ella, mi padre y mi hermana tuvieron un accidente de tráfico bastante jodido. El coche quedó siniestro total, mi hermana murió, mi padre perdió una pierna y mi madre quedó con la cara destrozada y una placa de metal a la altura de la sien izquierda. Adivinad qué hijo de puta salió indemne. No sé si en realidad esquivé a la muerte, porque según el criterio de quién, en ese momento podía ser considerado una persona o solamente un montón de tripas a medio hacer, ya que un bebé no existe legalmente hasta que cumple sus primeras veinticuatro horas de vida.

Debates éticos aparte, sigamos.

Crecí, con una hermana muerta, un padre tullido y una madre deforme.

Mi madre era muy guapa de joven, según he visto en fotografías y oído en conversaciones familiares, y aunque yo no la había visto así nunca, sentía como si alguien, antes de darme un regalo precioso, le hubiese pegado una paliza con un bate de béisbol, lo hubiese rociado con queroseno y le hubiese prendido fuego, y poco después de apagarlo, me lo hubiese dado sonriendo y exclamando gentilmente: Espero que te guste.

Mi madre murió poco después de mi nacimiento debido a un derrame cerebral.

Mi padre tenía una prótesis de titanio ultraligero recubierta de un material que simulaba una pierna, o algo así. Pasó más de un año de rehabilitación. Quedarse sin pierna y acostumbrarse a una nueva es una putada bastante grande, porque el trozo de hueso que te queda se clava en la prótesis cuando apoyas el peso en esa pierna, y duele tanto que te quieres morir.

Según mi padre es como volver a nacer: No sabes andar, solamente sabes llorar y gritar. Tu única diferencia con un bebé es que te cagas en todo, pero no literalmente.

La última vez que vi a mi padre fue con quince años, me dijo que se iba a hacer un viaje con unos amigos durante más o menos una semana.

Pensé: “Joder, este cabrón vive de puta madre.” Pero bueno, su marcha no me afectó mucho porque no estábamos demasiado unidos, además, siempre está bien estar solo en casa en lugar de vivir con un puto gritón que no deja de mandarte cosas y de decirte que no vales para nada.

Es muy probable que mi padre estuviera desquiciado, y que por eso se largó, pero tengo bastantes dudas sobre cuánto me quería. En realidad, estoy seguro de que me odiaba por ser el único que no sufrió lesiones en el accidente; pero, ¿Tengo yo la culpa? La respuesta es sencillamente no. No iba yo conduciendo, jodido cabrón, el que conducía eras tú, al igual que el que se salió de la carretera y el que empotró el coche contra ese roble. En fin, cambiemos de tema, que me cabreo.

Me las apañé bastante bien yo solo durante esa semana. Seguí con mi adolescente rutina: mis horas muertas en el colegio, mis horas perdidas viendo pornografía, y mis horas muertas tirado en la cama escuchando música de cuando mis padres tenían mi edad; y cuando por fin llegó el fin de semana salí con mis amigos viernes y sábado por la noche. Guau, la primera vez que salíamos por la noche, estoy seguro que todo el mundo guarda un recuerdo así. Nos sentíamos super rebeldes, mis amigos le habían dicho a sus padres que se quedarían a dormir en mi casa y ellos se lo tragaron.

Aún me pregunto cómo funcionó. En fin, vaya desastre de fin de semana. Fue la primera vez que me cogí una buena cogorza, la primera vez que vomité gracias a mi amigo el alcohol y la primera vez que tuve resaca, qué horror. Me quería morir.

Mi padre se fue un domingo y pensé que volvería el domingo siguiente, así que después de levantarme y desayunar un café con ibuprofeno, recogí la casa y esperé pacientemente mientras leía a Murakami, uno de los autores favoritos de mi padre y posteriormente, uno de los míos.

Tenía miedo por si el viejo descubría que había dormido mucha gente en casa. El desorden era excesivo para una casa tan pequeña y mi padre listo como un zorro, así que la juerga que se había vivido allí era evidente. Ventilé durante horas hasta que por fin desapareció el olor a tabaco y a humanidad, y esperé tranquilamente. Y esperé. Y esperé. No le di importancia, y cuando me fui a dormir pensé: “Haha, esta semana ha estado debuti, podrías no volver, viejo.”

Irónico, ¿Verdad?>>