Archivo mensual: mayo 2015

Autobiografías breves III: Días y días

Qué caprichoso es el cuerpo, que cada día explota por donde quiere: Un día tu corazón bulle de felicidad, de ganas, y sin embargo una mala noche te mata el cerebro, las piernas no responden y te encuentras como un Atlas tullido, intentando no ser aplastado por el peso de un mundo lleno de fracasos.

Un día estás pletórico, frenético, mágico, enamorado de la vida y de lo que has conseguido, y sin embargo, al día siguiente no ves más allá del primer bache que encuentras, y sólo existe la tragedia, fraguándose como un cuchillo de acero frío que te atravesará el pecho en cuanto te distraigas. Un buen día echas de menos, pero es incluso agradable: sientes que alguien no está, pero te consuelas con aquello que te dio. Un día malo, los recuerdos están llenos de veneno, y la carencia y la soledad te pudren por dentro: sientes que no puedes, que te vas a volver a estrellar contra un muro que tú solo has ido construyendo poco a poco, y piensas: ¿Qué me pasa? ¿Qué coño hago? ¿Por qué no encuentro consuelo en nada? Tengo una habitación repleta de folios escritos, como si fuesen recetas médicas, o fórmulas mágicas, y aunque las lea y las relea, no me valen para nada: son placebos de épocas pasadas. Antes me pasaba los días siendo o un perro perdido, otros siendo un lobo solitario, entre la indefensión y la rabia, pero no quiero volver ahí. No quiero estar solo. Quiero compartir mis logros, pedir ayuda, preocuparme por cosas reales, y encontrar cobijo en alguna parte, pero no sé cómo hacerlo.

Hay días para verse llenos de capacidades, y días en los que sólo ves oportunidades perdidas.

Necesito algo que ya no puedo tener, y no tiene sustituto real, no un sustituto completo, nada que cubra todo el vacío que siento.

Nota para alguien que jamás leerá esto: Joder, no sabes cuánto te echo de menos.