Archivo mensual: septiembre 2013

Llévame al infierno.

Llévame al infierno,

y nunca te olvidaré.

Maldeciré cada momento,

cada puto atardecer

que pase sin ti,

sin poder mirarte a la cara

sin hacerte gritar,

o reír,

o llorar,

o gemir y morder la almohada.

 

Llévame al cielo,

y déjame caer.

Hazme enloquecer,

y dame la razón como a un loco.

 

Haz que me sepa a poco

y me tendrás a tus pies.

Anuncios

Eres mi ruina.

Eres luna llena,

que me convierte en bestia,

en espíritu salvaje que rompe sus cadenas.

 

Eres una luz blanca que todo lo ilumina,

aunque me ciegas.

Eres mi ruina.

 

Eres la sombra en la que yazco,

y tu cuerpo es mi refugio.

Eres lo puro, y lo sucio,

la mierda de la que renazco

cada noche.

 

Eres la fuente a la que acudo,

para calmar mi sed,

pero tu esencia no me sacia

y te necesito otra vez.

 

Eres un  agujero negro,

dentro del que exploto,

eres una deidad de plástico

de la que soy devoto.

 

Eres fuego, juego,

placer y dolor,

no eres algo nuevo, pero vaya,

no hay color.


Noche de Bingo – (Confesiones I)

“Noche de bingo”, puñetera noche de bingo. Quien en su sano juicio estaría remotamente orgulloso de twittear al respecto? No me malinterpretéis, yo también me motivaría, si fuese una jubilada de 80 que vive en Boca Ratón y conduce un cochecito eléctrico. 

Este gilipollas de veintiséis años lleva a su novia de veintidós a un bingo llamado “Nevada”… ¿Se puede ser más cutre? No puedo evitar imaginarla gritando “¡BINGO!” y riéndose como una niña pequeña… Uf, la escenita me da escalofríos. Como en una película ambientada en los años cincuenta. La esposa ideal (en un futuro, en este caso) y el encantador marido siéndole infiel a sus espaldas. La perfecta mentira.

Siempre pensé que los amantes, las aventuras o como lo quieras llamar, eran supuestamente necesarios si te encuentras en plena crisis de los cuarenta, o si te aburres como un puto cactus, o ya sabéis, por la emoción; pero con veintipocos años, sin compromisos, sin siquiera haber terminado la carrera, y todavía viviendo con tus padres… ¿Por qué jugar a dos bandas con la niñita de la risa estúpida y la amante secreta?

 

Él dice que ella no le da lo que necesita… entonces, ¿Por qué coño lo acepta y lo soporta? A esa edad deberías ser capaz de encontrar una especie de híbrido entre la esposa ideal y la zorrita secreta, o al menos intentar buscarlo, ¿no? Eres demasiado joven para haber perdido ya toda esperanza. Si una vez comprometido y atado a la rutina, te aburres, sé tan infiel como quieras.

Lo peor de todo es que ella no tiene ni zorra. Me refiero, la chica del bingo vive su perfecta mentira, mientras piensa que él es el mejor tío del mundo, y por supuesto, twittea al respecto. En el pasado hubiese estado encantada de quitarle la venda de los ojos, pero ahora mismo, realmente me la suda.

Bueno…Quizás él es un gran chico, en el fondo. Al menos yo pienso distinto cuando me encuentro a cuatro patas y él me la clava mientras me tira del pelo recogido cuidadosamente en una coleta, rogándome que le mire y gima su nombre. Le encanta decirme que piensa en mí mientras se la folla… sí, claro, si así eres feliz…

Efectivamente,  ya lo habréis descifrado… ¡BINGO! Yo soy su pequeño secreto… Sé que puedo sonar como “la otra” o la resentida. Pero creedme, no lo soy… ya he recorrido ese camino. Simplemente no puedo entender porque un tío bueno necesita esta mierda…

Si no te gustan las relaciones, no las tengas; si te gusta follar como un puto conejo, hazlo… ¿Pero este paripé? ¿Decirle a la chica del bingo que te pone lo que te hace en la cama? ¿Un hombre fingiendo un orgasmo? Déjala ya y encuentra a esa mezcla que hace latir tanto tu corazón como tu polla. O al menos, conserva las esperanzas de encontrarlo, ¿no es así?

Ahora, esto es para ti mentiroso y sexy gilipollas…Inténtalo. Si en unos años te encuentras establecido y aburrido…entonces llámame. Mientras seas joven, no pares de buscarlo; y lo que es más importante, tanto si eres un cocainómano adicto al sexo o un fiel y cariñoso pagafantas, sé fiel a ti mismo… Que eso es lo único que tienes al final del día

Pero que sabré yo sobre la vida, o el sexo…

 

 

 

Confesiones de una chica corriente, I.