Archivo mensual: enero 2015

La Generación Abandonada

Mi artículo para la revista Cráneo Privilegiado. ¡Espero que os guste!

Cráneo privilegiado

Si fuera famoso, otra persona escribiría esto en mi lugar, intentando definirme y probablemente corriendo la misma suerte que yo. ¿Qué quién soy yo? ¡Y yo qué sé! ¿Quién es usted y qué hace en mi salón? Ahora en serio, todo lo que dijese sobre mí podría parecer superficial y pedante, así que digamos que escribo por no llorar. – Kate Shogun

Cuando París era una fiesta, Stein le dijo a Hemingway: “Sois todos una generación perdida”. Y risas aparte, así era. Millones de jóvenes deambulaban perdidos entre las consecuencias de una guerra que demolió los cimientos de un Occidente que parecía indestructible, y los tensos pródromos que anunciaban otra aún peor.

La Generación Perdida de Stein, Fitzgerald, Hemingway y compañía, consiguió sobrevivir, al menos parcialmente, al caos y la incertidumbre, a los genocidios, y a la crisis. Pero, ¿cómo? Podrían preguntarle a Hemingway, y ni siquiera éste podría elaborar una…

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Introspección: Brainstorming o atormentar el cerebro.

He pasado de no sentir, a sentir una gran preocupación. Cuanto más consciente soy de todo lo que me rodea, más miedo tengo de vivir. De hacerlo mal. Y no me da tiempo a sentir ansiedad, porque el atracón ya me lo he dado. (risas).

La sensación de seguridad férrea en mí mismo que antes me daba mi coraza de insensibilidad es ahora un trasto oxidado en un desván que llamamos olvido, y me siento desnudo.

Desnudo, pero no un desnudo artístico como el canónico Hombre de Vitrubio que siempre había querido ser, sino desnudo y desagradable. Desnudo y juzgado. Como el fantasma de un yonqui viendo la autopsia de su cuerpo desde fuera. (Se me acaba de ocurrir que los forenses se toman una cerveza en homenaje a cada persona que muere el día de su propio cumpleaños)

Volviendo a la emoción, y por ende, a la incongruencia: Siempre me ha obsesionado la idea de la universalidad. Los cánones que han de seguirse, la concepción del bien, del mal, de la belleza y demás constructos subjetivos que pese a su subjetividad, intentamos imponer al resto.

Precisamente por esta agresión impositiva (ya que no es más que atacar a los otros, percibiéndolos como álguienes menos válidos por sus ideas) me repudian los cánones. Son fascistas. Intolerantes. Elitistas. Y aun así, dejamos que nos esclavicen. Yo antes entrenaba duramente para tener un cuerpo escultural y una mente prodigiosa, porque sí. Ahora que me he dado cuenta de mi propio error, ¿qué hago? ¿Acaso buscaba una igualdad siendo yo más que los demás?

En el fondo todos “somos iguales, pero mi igualdad es mejor que la tuya”.