Archivo mensual: enero 2014

Guía para el caos: Introducción

¿Qué? Nada. Nada me decía nada. Veía la ciudad en la que vivo y me quedaba igual. Faltaba algo. Demasiada gente anónima aglomerada en bloques de pisos, mientras pseudofamosos que cobran oro por hacer nada viven en lujosos áticos en el centro de la ciudad. Paso una media de dos horas al día notando algunos síntomas de asfixia dentro de un tren que siempre llega tarde entre centenares de zombies multiétnicos y sin embargo, igual de anodinos, igual de cansados de vivir. ¿Era yo diferente? Por aquel entonces no mucho, aunque mi yo narcisista quería pensar lo contrario, pero eso ahora da igual.

La gente normalmente suele pertenecer a un círculo social determinado, pero yo no me veía encajando en ninguno. Ya podía juntarme con lo más selecto en un inmenso chalet de una zona residencial, beber ginebra y ron de cuarenta euros la botella, o ir a un concierto de hardcore con unos punks de barrio que cuentan cada trago de una litrona que comparten. La verdad es que no hay ninguna diferencia, y ningún plan me llamaba más que otro.

“Todo se mezcla al máximo, y si no, mírame a mí: llevo unas zapatillas agujereadas y unos vaqueros viejos mientras escucho la música que un iPad elige por mí. Ahora mismo estoy apagado o fuera de cobertura. Sé que podría hacerlo todo de manera diferente, pero hay algo que me arrastra a hacerlo así. Me consuelo pensando que puedo cambiar en cualquier momento, y así puede ser, efectivamente. Sólo necesito algo que me motive, algo que despierte a mi lado maníaco que tantas y tantas veces me ha salvado el culo en los estudios y en general. Ojalá le pasase a todo el mundo, pero no es así; vivimos casados con el cansancio, tan cansados que cuanto más duermes, menos quieres hacer. Los jóvenes no pueden hacer su vida, y los adultos no tienen más remedio que mantener a hijos que deberían haber dejado el nido hace mucho tiempo. Todos queremos ser diferentes, pero cuando hay alguien realmente diferente somos reacios a aceptarle tal y como es. No somos culpables, es nuestra naturaleza, que emerge para defendernos de lo extraño, de lo desconocido; pero lo natural no siempre es lo mejor”.

Ese era yo. Sentía que no iba a ninguna parte, que no hacía nada. Sin embargo, hará un año, más o menos, encontré una gente con la que las cosas iban a cambiar rápidamente.


Cafuné

Nunca sentí que pertenecía

a nadie, ni a ningún lugar,

que vivíamos sin más,

que estábamos por estar.

 

Nunca creí en los hogares,

era un pájaro sin nido,

un pequeño caos flotante,

un anciano adormecido,

que no espera nada,

de los demás, o del mundo,

nada nuevo nunca,

salvo el desastre de turno,

 

y te encontré, por casualidad,

como quien encuentra el mar,

o la canción de tu vida,

o un árbol donde anidar.

 

Jugamos a rompernos,

a hacernos cosquillas,

a mordernos, a acariciarnos

a hacernos daño, y a perdonarnos,

a escondernos, a protegernos,

 

y a vivir, y a volar.

 

Jugamos por jugar,

que contigo podría incendiar el fuego,

y tu pelo es el cielo,

y mis dedos mis alas,

y me enredo en tu cuello,

mientras cuidas de mis llagas.


Trescientas palabras

 

El sol me despierta implacable. Abro los ojos de golpe y tengo que volver a cerrarlos. Siento que me va a explotar la cabeza. ¿Qué pasó anoche?  Y yo qué sé.

Me pongo las gafas de sol y bajo un poco la persiana. Eddie, mi compañero de habitación, se ha ido y se ha llevado todo su equipaje. Recuerdo que su autobús salía a las ocho. Las diez en el reloj. “Hasta pronto, Ed”, pienso con pena. Recuerdo que me ha despertado al irse, enfadado. ¿Por qué estaría enfadado? Cuando voy a la cocina lo descubro. Todo hecho un desastre, y un agujero en la encimera. Mi mente recibe una inundación de sucesos inconexos. El concierto de Bad Religion, el whisky, la cerveza, subir a Lena a hombros, terminar agotado pero feliz, sus gestos, su guiño, su sonrisa, el masaje que me pidió al volver al piso, el beso de buenas noches, y follar en la cocina intentando hacer el menor ruido posible. Creo que eso fue lo que cabreó a Ed… Qué locura de noche. Fui al cuarto de las chicas. No quedaba nadie. Lena era la mejor amiga de mi mejor amiga, pero nunca nos habíamos conocido… hasta anoche.