Guía para el cuidador de demonios principiante

Cuidar demonios siempre resulta agotador, sobre todo porque  tener demonios no es como tener un gato, un perro, como tener peces, o ni siquiera como tener hijos, ya que nunca es algo planeado. Los demonios pueden aparecer en cualquier momento, sea bueno o malo: les da igual que sea primavera o que sea domingo, y cuando llegan, es para quedarse. Y no se van. Nunca. Lo máximo a lo que puede aspirar uno es a que se queden como están: calladitos, pequeñitos, tranquilitos. Que no monten mucho alboroto, que le dejen dormir a uno, que no ensucien. Eso es lo mejor que le puede pasar a alguien que cuida demonios.

 

Hemos dicho antes que los demonios llegan, pero el primer paso no es que lleguen.

No, el primer paso para cuidar demonios es darse cuenta de que están ahí. Y digo darse cuenta porque es eso lo que ocurre: Los demonios han podido llegar ayer, o hace diez años, pero en un momento determinado, uno se da cuenta de que hay algo más  allí donde está, y claro, tiene que hacerse cargo de aquello, y de repente brota un mar de dudas de la mismísima nada: ¿Qué comen? ¿Dónde duermen? ¿Hacen caca? ¿Tengo que llevarlos conmigo siempre? y otros cientos de preguntas  propias del cuidador principiante aparecen ante nosotros, pero con la experiencia, comprobaremos que cuidar a nuestros demonios es más sencillo de lo que parece en un primer momento. (Advertencia: Cuidar demonios NO es fácil. Al principio le parecerá que la simple tarea tranquilizarlos es imposible, y cualquier interacción con ellos será insoportable, pero no desespere: los demonios sólo son vestigios de algo mucho peor).

 

Los demonios, como cualquier depredador doméstico,  requieren una alimentación variada: Se alimentan de sueño, de preocupaciones y de debilidades, generalmente de procedencia humana, siendo especialmente voraces con las almas incautas, las aprensivas e incluso con las despistadas. Aquí habremos de diferenciar entre demonios de campo y demonios de ciudad, pues los de ciudad tienden a vivir en grupo, mientras que los demonios de campo llevan una vida más solitaria, por lo que el cuidado de demonios de ciudad requerirá un mayor esfuerzo.

 

En cuanto a las comodidades, no se preocupe: Los demonios suelen amoldarse bien al entorno en el que viven sus propietarios, quizá incluso con demasiada facilidad, llegando a ser un poco intrusivos y territoriales en determinadas ocasiones. Sus demonios, generalmente dormirán con usted, pero si esto le incomoda, no dude en imponerse: Cierta disciplina es necesaria, o sus demonios podrían acabar imponiéndose a su voluntad y campando a sus anchas por su vida, ya que además se trata de seres activos e inquietos, tanto de día como de noche, siendo en ocasiones revoltosos y caóticos, sin importarles el estado de salud de su cuidador. Este es el principal problema que plantean: Los demonios pueden despertarse en cualquier momento y poner su vida patas arriba.

 

Pese a dicha inquietud, los demonios no  requieren excesivos cuidados: Usted puede pasearlos con la frecuencia que considere oportuna, tanto de día como de noche o no sacarlos en absoluto. Eso sí, algo que requiere especial atención es en qué momento libera a sus demonios: No es recomendable que éstos correteen libremente en presencia de otras personas, ya sean amigos o familiares, pues de no ser personas de mucha confianza podrían asustarse al ver que usted es propietario de uno o más demonios. Huelga decir además que estas reacciones nunca son positivas para los propios demonios, los cuales podrían volverse más problemáticos en el futuro. Asimismo, lo más seguro es que usted procure evitar demonios ajenos en la medida de lo posible, sobre todo a la hora de encargarse de demonios que no sean suyos ya que puede ser altamente peligroso, tanto para el propietario original como para usted. Dedíquese a sus propios demonios: verá que éstos son más que suficientes.

Como bien hemos dicho antes, los demonios no se irán de su vida, ya que no mueren. Por el contrario, sus demonios permanecerán a su lado a lo largo de su vida, por lo que el objetivo de aprender a criar y cuidar demonios es que permanezcan tal y como son, o incluso reducirlos, en caso de que sean demasiado grandes para manejarlos bien. No queremos unos demonios que crezcan y crezcan hasta que sean capaces de devorarnos, así que si en algún momento observa que un demonio se le está yendo de las manos, repetimos: Impóngase. Al fin y al cabo, los demonios no serían nada sin nosotros.

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Acerca de kateshogun

Escribo historias, estudio psicología y compongo música. Abierto a todo tipo de proyectos artísticos. Ver todas las entradas de kateshogun

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